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La mujer en la época
#1
La lucha por derechos políticos llevó a las mujeres a establecer efímeras alianzas, como fue el caso de su asociación con los abolicionistas y con los activistas que, después de la manumisión de los esclavos, demandaban la decimoquinta enmienda1 con la convicción de que ésta sería en beneficio tanto de los libertos como de las propias mujeres. Otra opción explorada por las dirigentes del movimiento fue aprovechar el proceso de colonización y organización de los territorios con el fin de lograr una posición más ventajosa de las mujeres en dichas regiones.

Sin embargo, la meta, el sufragio, sólo se obtuvo mediante la decimonovena enmienda, en 1920. ¿Cuáles fueron las causas de la falta de cohesión al interior de los grupos de acción femeninos que tanto demoraron su éxito? ¿Perjudicó o benefició a las mujeres el proceso de organización territorial? El propósito de este artículo es analizar algunos aspectos de la lucha por el sufragio femenino en Estados Unidos y destacar cómo una serie de contingencias sumamente específicas retrasaron la concreción de este derecho político mediante una enmienda constitucional en el ámbito federal.

En el caso de Estados Unidos, el término derechos de las mujeres, que significaba la igualdad entre éstas y los hombres, precedió el movimiento femenino por el sufragio. La lucha por estos derechos se enfocaba en el control económico de los maridos sobre sus esposas y se generó en Inglaterra, en el seno del movimiento de Robert Owen, y fue llevado a Estados Unidos por Francés Wright, quien encabezó un movimiento laboral y fue la primera figura pública en invocar los derechos de las mujeres. El Reformismo de mediados del siglo XIX dio lugar a uno de los momentos clave del movimiento en favor de los mismos.

En 1848 tuvo lugar la Declaración de Sentimientos y Resoluciones en Seneca Falls, Nueva York; sus principales promotoras fueron Susan B. Anthony y Elizabeth Cady Stanton. El documento retomó parte de la retórica de la Declaración de Independencia. Las autoras enunciaron los agravios sufridos por las mujeres en cuanto a derechos políticos y, sobre todo, en lo que respecta al pago de impuestos, obligación a la que se encontraban sujetas en caso de ser propietarias, aun cuando no contaran con representatividad en los órganos legislativos. Los argumentos esgrimidos por las activistas se fundamentaron en los escritos de teóricos liberales.
Durante estas décadas, muchas mujeres encontraron —al margen de cuestiones políticas—, otros medios de participación en causas que hicieron suyas y a las cuales se entregaron con empeño y dedicación. Entre las anteriores podemos mencionar el abolicionismo, movimiento que incorporó numerosas mujeres a sus filas y que favoreció una alianza temporal con quienes demandaban la manumisión de los esclavos; asimismo generó un discurso que, a la larga, sustentó las demandas políticas del sector femenino. Por su parte, también proliferaron los movimientos en favor de la ley seca. Para algunos historiadores éstos contribuyeron a entorpecer el sufragismo y enfrentaron a las distintas posturas promovidas por las mujeres sobre la concepción de cuál era el lugar que debían ocupar en la sociedad y su contribución a la misma.

Numerosas estadounidenses aportaron su tiempo y recursos a la lucha por la desaparición de la esclavitud. En estrecha colaboración con sus iglesias o con grupos abolicionistas independientes, ofrecieron sus casas y fortuna tanto para auxiliar a esclavos fugitivos como para promover reuniones en las que se discutía cuál sería la mejor estrategia para erosionar de manera definitiva a la institución por muchos percibida como un auténtico flagelo. Los abolicionistas, además, al prestar atención al abuso del cuerpo de los esclavos, llamaron la atención sobre el abuso sexual y marital de las mujeres libres. De hecho, el involucrarse en actividades abolicionistas tuvo como consecuencia que muchas mujeres comenzaran a cuestionarse la necesidad de contar con el sufragio, vinculando su capacidad de exigir transformaciones en la sociedad con un derecho político.


¿Por qué la mujer del Oeste conocía el manejo de armas?

Para conseguir una colonización más rápida, se llegó a regalar acres de terreno a todas aquellas familias que quisieran establecerse en estas complicadas tierras. La oportunidad de ser propietarios y a partir de ahí comenzar a prosperar, convirtió esta llamada en un éxito rotundo, gentes de todas las partes del país competían por un pedazo de terreno donde poder establecerse.
En este escenario, la mujer era una pieza clave. Muchas familias con niños llegaron al oeste en busca de una oportunidad, pero como ocurre con todo en la vida, los comienzos nunca son fáciles. Los primeros asentamientos, eran pequeño grupos de casas.
Estas casas a menudo se encontraban muy separadas unas de otras, con lo que cualquier ataque de cuatreros o de los Indios que habitaban la zona, tenía que ser repelido con los medios que se tuviera. Este es el principal motivo por el que muchas de las mujeres del lejano oeste, conocían el manejo de las armas.
A menudo los maridos tenían que salir con el ganado, pasando varios días fuera de casa y la casa había que protegerla. También había mujeres más elegantes, señoritas de ciudad que han terminado en ciudades del Oeste, tras los pasos de sus familias, que veían nuevos horizontes para el comercio.

Esta era la situación en el lejano oeste de la mujer, no tan inocente como nos la pinta el cine, pero si eran mujeres muy duras, valientes, de firmes convicciones, familiares, hogareña, buena esposa y buena madre.
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#2
+10 muy buena info.
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#3
Pero el problema reside en que esta situación la hemos creado precisamente nosotras.

Los estereotipos de mujer que siempre critcamos... los crean las propias mujeres. Buscando un modelo nuevo de personaje femenino que rompa con los arquetipos machista, hemos pasado a crear el hembrismo o un nuevo tipo de machismo.

Y a mi me parece que hemos adquirido la mala costumbre de llamar machista y sólo machista, ojo, casi nunca decismo sexismo ni hembrismo, a lo que no es, en lugar de buscar ese feminismo auténtico. Si creamos personajes femeninos débiles, estúpidos y superficiales ya empezamos a quejarnos de que es machista, que representa un estereotipo negativo de la mujer, bla, bla, bla... Pero es que realmente las mujeres tontas y superficiales EXISTEN, y hay muchas, por desgracia. Pero tampoco el modelo impuesto por las mal llamadas feministas me gusta ¿Por qué hay que alabar a las mujeres fuertes, duras, valientes y decididas? Fingir que las mujeres son duras y valintes cuando muchas no lo son casi me repatea más.

¿Cuál es la realidad? Todas y ninguna. La verdadera igualdad y no sólo para las mujeres, también para los hombres, que muchas veces reciben una discriminación más sutil y silenciosa es la diversidad. Mujeres tontas y superficiales, pero también guapas e inteligentes. Mujeres duras, pero también tiernas. Y lo mismo para los hombres. No busquemos un personaje feminista porque éste NO EXISTE. Es el abanico de distintos personajes la auténtica igualdad de sexos.
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